San Andrés, el encanto colombiano que resiste a los estragos del huracán Iota

Foto: EFE

La desolación consume a buena parte de los habitantes de la encantadora isla de San Andrés a quienes el huracán Iota sorprendió el pasado lunes mientras dormían, llevándose por delante los techos de numerosas casas y dejándolos a la intemperie.

En medio de la angustia y la incertidumbre permanecen los isleños que viven en la zona costera de San Andrés, uno de los sectores más azotados por la furia de Iota, el primer huracán de categoría 5 que golpeó el país.

“Cuando nos dimos cuenta estábamos llenos de agua salada. El mar se pasaba como seis metros para acá, corrimos a alcanzar la ropita para que no se mojara pero qué va, era muy tarde. La brisa y la fuerza del mar era muy brava”, dice a Efe Daridel Polo Robles.

El fuerte oleaje irrumpió en su vivienda, ubicada en una humilde zona de la isla en la que la fuerza de Iota levantó los andenes de concreto y destruyó la calzada de una carretera al lado del mar.

De los frondosos árboles que separaban su casa de la playa hoy solo quedan ramas secas y troncos que fueron arrastrados varios metros por la fuerza de los vientos.

“Era fortísimo, pensábamos que se iba a inundar todo esto. (Estamos esperando) que nos ayuden en alguna cosa, no pide uno mucho”, reclama Daridel.

San Andrés convalece a los estragos que causó el huracán en su avance hacia Centroamérica y recobra el aliento poco a poco con la mirada puesta en el turismo, motor de su economía, mientras las vecinas islas de Providencia y Santa Catalina tendrán que ser reconstruidas casi en su totalidad.

En esas poblaciones, en las que a diferencia de lo que ocurrió en San Andrés, la mayoría de las casas sucumbieron ante la vehemencia de Iota, los lugareños hacen frente a la crisis con las ayudas humanitarias que llegan desde el lado continental del país.

Al aeropuerto Internacional Gustavo Rojas Pinilla, de San Andrés, llegan diariamente decenas de personas que viajaron desde otras regiones del país para buscar noticias sobre sus familiares en Providencia y Santa Catalina, incomunicados desde el lunes.

Iota fue el combustible para que la crisis económica desatada por la pandemia del coronavirus terminara de estallar en esta región del país, ya de por sí azotada por la informalidad laboral y la parálisis del turismo, vital para este territorio insular.

Aunque del archipiélago, conformado también por Providencia y Santa Catalina, San Andrés fue la isla menos afectada, los habitantes que sufrieron el azote del huracán lo perdieron casi todo. Efe