Jossimar Calvo: alma, corazón y cabeza de campeón

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Las caídas en el último día de la gimnasia artística lo hicieron subir incómodo al podio. Al colombiano Jossimar Calvo no le gusta fallar. Y su perfeccionismo lo privó de disfrutar la ovación del público por los cinco oros y la plata que lo tienen como figura de los XVIII Juegos Bolivarianos.

“Son cinco medallas de oro, pero a mí me desanima un poco son las fallas porque este es un deporte de arte y precisión, en el que se busca hacer las rutinas completas”, expresó a periodistas.

El gimnasta nacido en Cúcuta hace 23 años es hoy el deportista con más medallas en las justas con sus oros en all around, equipos, arzones, suelo y paralelas, además de la plata en anillas.

Se escapó la barra fija, pero cumplió en Santa Marta con presentaciones que evocaron aquel 2013 de ensueño en las Copas Mundo de Eslovenia, Portugal y Turquía, donde a base de buenos resultados se convirtió en el mejor gimnasta de la historia de Colombia.

Pero ese camino a la gloria no ha sido fácil. Desde los cinco años, cuando las piruetas infantiles dieron muestra de su elasticidad, empezó su lucha entre recursos limitados con el entrenador Jairo Ruiz como su guía, y con su compatriota Jesús Romero, campeón nacional y suramericano de gimnasia, como su gran espejo.

En los Panamericanos de Guadalajara 2011 empezó todo. Con 17 años fue el primer sorprendido al conseguir el oro en concurso completo y vencer a gimnastas consagrados, que tenían incluso olimpiadas entre pecho y espalda.

Pero antes, con el apodo de “Cauchito”, la asesoría de un endocrinólogo y un tratamiento con hormonas de crecimiento, al mejor estilo del argentino Lionel Messi, Jossimar ganó algo de talla y dejó atrás una extrema delgadez.

Entonces le dio paso a ese cuerpo fuerte y trabajado de ahora, que lo llevó a brillar en los Panamericanos de Toronto en 2015, donde se catapultó por completo al ser el primer colombiano en lograr tres medallas de oro en una misma edición.

Así, acumulando preseas y dedicando ocho horas diarias a su entrenamiento, Calvo le dio un lugar a la gimnasia colombiana en el mundo, algo que se hizo posible por la intervención de una profesora que descubrió sus condiciones y le sacó de la cabeza la idea de ser futbolista.

Después de empezar con éxito el ciclo olímpico, afianzó en los Bolivarianos su deseo de llegar potenciado a Tokio 2020, para intentar superar ese décimo puesto en la prueba individual de los Olímpicos Río 2016, donde cumplió la fantasía de medirse con los mejor del planeta, donde él planea ubicarse en los próximos años.

“A mí lo que más me importa es hacer bien mis presentaciones. Esta de los Juegos Bolivarianos es una experiencia más de la que tenemos que aprender, poner la frente en alto y seguir adelante, el camino es largo aún”, dice, lleno de autocrítica, pensando tal vez en llevar puesta una medalla olímpica en Tokio 2020.